Psicólogo analiza los riesgos que corren los menores en las sectas (José Miguel Cuevas Barranquero)


Luis Santamaría el 11.12.14 

En el marco del Máster Universitario en Criminología y Seguridad de la Universidad de Valencia el pasado 26 de noviembre tuvo lugar la ponencia “Los Menores ante las sectas”. Estuvo a cargo del psicólogo José Miguel Cuevas Barranquero, profesor en la Universidad de Málaga, vicepresidente de la Asociación Iberoamericana de Investigación del Abuso Psicológico (AIIAP) y director de la revista sobre abuso psicológico Traspasos.
Los principales trabajos de Cuevas giran en torno a la evaluación de la persuasión coercitiva, así como en la peritación y abordaje de casos de sectarismo. Asiste a víctimas de sectas en el sector público, a través del Organismo Autónomo Local “Marbella Solidaria”, en la provincia de Málaga. Es autor de varias publicaciones en torno al fenómeno sectario y colabora con distintas organizaciones preventivas e informativas.
Haciendo hincapié en los daños de las sectas a los menores, el psicólogo repasó algunos aspectos relevantes de esta problemática, abordándolos de forma práctica y con útiles recomendaciones. Para ello repasó algunos ejemplos de fenómenos destructivos que han afectado directamente a menores.

Riesgos para los niños en sectas

José Miguel Cuevas también expuso los habituales riesgos y daños demostrados de los menores que ven forzados su paso por estos grupos, siendo educados en habituales pautas disciplinarias, con férreos esquemas rígidos y con una probabilidad real elevada de sufrir negligencias, tanto de abandono físico y afectivo, como de riesgos para la salud (en ocasiones abandono de prácticas sanitarias obligatorias como la vacunación, negación de auxilio sanitario, desarrollo exclusivo de medidas “sanitarias” alternativas…) que en casos extremos pueden llegar a hacer peligrar la vida del menor.

Estos menores son educados en pautas de sumisión y obediencia extrema al liderazgo de las estructuras de las organizaciones, alterando los roles educativos paternos, que quedan relegados a un orden inferior al de la estructura jerárquica grupal. El autor expuso los riesgos más importantes clasificados en cuatro subgrupos de técnicas coercitivas (ambientales, emocionales, cognitivas y disociativas).

En cuanto a los riesgos ambientales, Cuevas citó algunos como la sobreprotección y evitación de responsabilidades, la explotación infantil, el abandono material y afectivo, la dejación del rol paterno/materno-filial, la perturbación de los roles de autoridad (ya que la única autoridad es la jerarquía sectaria), las dificultades para la relación con los iguales externos al grupo, el aislamiento de familiares no sectarios, el aislamiento social y la dependencia.
Yendo a los riesgos emocionales que corren los menores en las sectas, el psicólogo se refirió al autoritarismo marcado, el riesgo de negligencias y abusos, la inmadurez afectiva y racional, la inducción de fobias sociales y otros miedos, el fomento de la culpa, la ansiedad obsesiva y el perfeccionismo.
Como riesgos cognitivos citó el fomento de la visión de un mundo injusto y catastrófico, el posible retraso educativo, la inducción de creencias fundamentalistas y acientíficas, la rigidez mental, el fomento del llamado “pensamiento mágico”, el fomento de la obediencia junto al déficit del pensamiento crítico, la alteración de proceso de atribución (todo lo bueno es por el grupo, todo lo malo viene de la sociedad), etc.
Por último apuntó a la disociación, que incluye diversas actitudes: la participación en rituales de intensa emocionalidad, los abandonos y negligencias sanitarias, la consideración extrema de la sexualidad (o bien con la perversión y abuso, o bien con la demonización), los problemas de autoestima e identidad, la vulneración de la libertad y del desarrollo de la personalidad y, en algunos casos, el uso de drogas.
En un momento posterior, José Miguel Cuevas repasó las evidencias científicas halladas en distintas investigaciones de otros colegas, y que confirman los graves riesgos demostrados por estos grupos. También describió el panorama real de una sociedad poco comprometida y sensible con estas constantes agresiones, en gran parte a la ignorancia en torno al funcionamiento y a la prevalencia real y elevada de estos fenómenos, que afectan a una parte importante de la población (todos estamos sujetos a estos riesgos).

Problemas legales y jurídicos

En este sentido repasó alguna jurisprudencia legal sobre estos grupos y las dificultades encontradas en la lucha contra estas organizaciones coercitivas. Cuevas dio sus recomendaciones, en base a las evidencias que han ido recopilando en la experiencia en su asociación, especificando algunas herramientas de evaluación específicas y validadas para medir la manipulación, el abuso y la persuasión coercitiva. Herramientas como la escala GPA, que mide el abuso psicológico grupal, y que ha sido validada en España por la doctora Carmen Almendros, o la entrevista del psicólogo ponente, la EPC, validada recientemente como herramienta fiable para detectar la presencia de persuasión coercitiva.

Recomendó también que cualquier perito que aborde temas sectarios debe tratar de especializarse en este sector tan complejo. Y que de una manera u otra ha de valorar a familiares y ex víctimas, no sólo a las personas que siguen dentro del grupo, que habitualmente suelen ser testigos poco fiables, acostumbrados a ser condescendientes con el grupo, obedeciendo, como siempre, a la jerarquía a la que están sometidos.
En efecto, raramente serán colaboradores los miembros cuando se trata de perjudicar los intereses del grupo, haciendo justamente esfuerzos reactivos sumamente defensivos; como ocurriría con cualquier otro grupo delictivo que fuera investigado: sus integrantes están motivados para dar una versión interesada. De esta manera, cuando se valora directamente a víctimas que aún sigan dependiendo del grupo hay que partir de la hipótesis de que resulta muy probable que intenten simular, dar una versión y un contexto socioemocional favorable a los intereses del grupo
Por tanto, según este psicólogo, sería conveniente abordar con ellos algunasherramientas que detecten casos de simulación, como la entrevista clínico-forense y otras herramientas evaluativas concretas para detectar casos de posible simulación. De esta manera, se podría detectar si realmente los integrantes del grupo dan una versión realista en torno al grupo controvertido al que pertenecen.
En efecto, estas herramientas, según el psicólogo, raramente son aplicadas por parte de sus colegas, siendo necesaria la especialización y el abordaje para evitar evaluaciones predestinadas a ser manipuladas en favor de los intereses sectarios. También dio otras recomendaciones periciales para incrementar el rigor en la evaluación pericial psicológica y psiquiátrica.
Entre los casos de grupos coercitivos históricos que han atentado contra menores, hizo un repaso de casos clásicos en España: Niños de Dios, Edelweiss, CEIS, Raschimura, etc., así como también algunos casos recientes en la actualidad internacional, algunos de ellos con protagonismo español: el caso Antares de la Luz, el asesinato de Dylan por parte de su madre Katherina (en Torrevieja, Alicante), los abusos sexuales del “Maestro Amor”, recién procesado, la escuela de kárate de Torres Baena, el Pastor de Salem, los Defensores de Cristo y un largo etcétera.
No dejó pasar el psicólogo la ocasión de describir algunos de los habituales problemas yconsecuencias psicopatológicas de pasar por estos grupos, describiendo algunas de las lesiones psicológicas que generan estos grupos, como el trastorno de estrés agudo, el trastorno de estrés postraumático, el trastorno disociativo, inducción de fobias, trastornos emocionales… y la importancia de vincularlos al daño manipulativo generado dentro de las dinámicas grupales.
José Miguel Cuevas hizo hincapié en la necesidad de que todas las partes implicadas den un paso adelante en esta materia: políticos, agentes judiciales, policiales, peritos, ciudadanía en general… y la necesidad de proteger con más vehemencia y fuerza a estas víctimas de abuso y maltrato, independientemente del contexto en el que hayan sufrido estas manipulaciones: grupos, sectas, parejas, etc. 

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